miércoles, 07 de junio de 2006
Publicado por NoeLrc @ 2:14
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Seguro que muchos piensan que no soy la persona más adecuada para hablar de valores. Sobretodo en el día de hoy. Pero también creo que otras muchas personas me brindarían la palabra al hablar de estos temas. Es por el apoyo de esas personas por el cual cometo el atrevimiento de hablar un poco de "valores" aquí.

MAGNAMINIDAD

"El valor que nos hace dar más allá de lo que se considera normal, para ser cada día mejores sin temor a la adversidad o a los inconvenientes."

La magnanimidad es una disposición hacia dar más allá de lo que se considera normal, de entregarse hasta las últimas consecuencias, de emprender sin miedo, de avanzar pese a cualquier adversidad.

La magnaminidad se caracteriza por la búsqueda de su perfección como ser humano y la entrega total de su persona para servir a los demás desinteresadamente. Para el magnánimo no existen tareas de ínfima categoría o el temor a cuidar lo que podría denominarse "buena imagen", actúa con la convicción de cumplir con un compromiso y un deber personal: ayuda a quien goza de menor simpatía en un grupo; saluda con cortesía, cede el paso, o sirve en la mesa al empleado y al amigo por igual, etc.

La magnanimidad es un excelente medio para robustecer nuestra comprensión, el espíritu de servicio, la generosidad, el perdón y el optimismo. Todas nuestras acciones se ennoblecen cuando están al servicio de los demás: el consejo, la ayuda, la compañía y hasta el mismo trabajo, son los medios ordinarios que tenemos al alcance para hacer de nuestras labores y aspiraciones algo grande, algo fuera de lo común, algo que pocos están decididos a hacer.


AUTODOMINIO

"Formar un carácter capaz de dominar los impulsos propios de su forma de ser para hacer la vida más amable a los demás."

Este valor nos ayuda a controlar los impulsos de nuestro carácter y nos estimula a afrontar con serenidad los contratiempos y a tener paciencia y comprensión en las relaciones personales.

El autodominio debe comprenderse como una actitud que nos impulsa a cambiar positivamente nuestra personalidad. Cada día que buscamos ejercer ese señorío sobre nosotros mismos, automáticamente nuestro carácter comienza a madurar por la serenidad y paciencia que imprime este valor.
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